Afrocolombianidad: La trata esclavista

Entre los siglos XVII y XIX ocurrió la infame trata esclavista -considerada como de uno de los crímenes más aberrantes en la humanidad- de africanos a las Américas. La deportación de cautivos fue consecuencia del comercio triangular entre Europa, África y América, que conformó la empresa globalizadora más temprana en el mundo (Arocha, 2003).  Los europeos comercializaban oro, tabaco, azúcar, plata, baratijas y africanos entre esos continentes.  El proceso económico-político requirió de un complejo engranaje de individuos especializados en distintas actividades.  Entre estos personajes figuraron los asentistas, quienes mediaban entre la corona española y los mercaderes africanos. Ellos se valían de sus agentes o factores en Sevilla y en los puertos americanos, “además de un enjambre de empleados que recibían el dinero para las cajas de la corona, que llevaban la contabilidad, que escribían oficios y misivas y aquellos que mantenían la vigilancia policial” (Friedemann y Arocha, 1986, p. 117). Los factores contaban  con la confianza de los asentistas y se encargaban de vender las licencias a los grandes comerciantes que llenaban de esclavizados dos o tres navíos por año o a los que estuvieran interesados en el negocio del comercio de africanos. En el momento de la trata transatlántica, comerciantes y esclavistas contaron con el beneplácito de las Leyes Nuevas que –desde luego- les ofrecieron juricidad a trámites burocráticos implícitos, como el de obtener licencias de compraventa para introducir a las Indias determinados números de africanos, las firmas de avenzas o contratos, el pago de fianzas, los informes que debían suministrar a las Casas de Contratación en Sevilla, los requerimientos de los navíos, sólo por nombrar algunos (Friedemann y Arocha, 1986, p. 116-122).

Las cifras de personas deportadas de las costas africanas varían desde 8.5 hasta 14 millones (Friedemann y Arocha 1986, p. 33; Maya, 1998, Pp. 24-27; Moreno Fraginals, 1977, p. 13). Además resulta complicado concretar esos números, porque: (i) Hubo “contrabando, sigilo y mucha violencia”. (ii) No todos los esclavizados capturados desembarcaron; los historiadores apuntan que durante la travesía en altamar entre el 15 y el 20 por ciento de los cautivos morían por enfermedad, maltrato u optaban por el suicidio (Friedemann y Arocha, 1986, p.34). Los mismos autores sostienen que: “Toda esta preocupación en torno a los orígenes de los africanos que llegaban a América tiene, por supuesto, una razón: descubrir las huellas que los distintos grupos dejaran en  las nuevas culturas y sociedades americanas”.

Fuente: Quintero, Patricia. (2005). “En el nombre del Padre, de la Madre, del Hijo y del Espíritu Santo: Dimensión afro de la religiosidad católica bogotana”. Tesis de maestría. Departamento de Antropología. Facultad de Ciencias Humanas. Universidad Nacional de Colombia. Bogotá.