Representación de las brujas en la Inquisición

El dolor

Rosa Patricia Quintero Barrera

En Europa entre los siglos XV y XVII unas 500.000 personas murieron en la hoguera. Fueron declaradas culpables de pactar, adorar y besar al diablo bajo la cola, viajes por el aire montadas en escobas, reuniones ilegales en aquelarres, adoración al diablo, copular con íncubos y súcubos, matar la vaca del vecino, provocar granizadas, destruir cosechas, robar y comer niños (Harris, 1986, p. 181). La cacería de brujas se convirtió en una institución avalada por la Iglesia católica, que se popularizó debido al autorreconocimiento por parte de las propias acusadas como practicantes de la brujería, en el intento desesperado de evitar las terribles torturas y de ser llevadas a la hoguera. Esa práctica condujo a que las personas se delataran entre sí de tener poderes sobrenaturales para hacer el mal. Cada bruja torturada conducía por lo menos a la ubicación de otras dos. Este sistema, que gradualmente fue institucionalizándose bajo la forma de la Inquisición, exigía que la familia de la supuesta bruja asumiera los gastos provenientes de los servicios de los torturadores, los verdugos, los haces de leña, el banquete de los jueces; además de la confiscación de los bienes de la acusada (las siguientes fotografías las tomé en el Museo Histórico de Cartagena -Colombia).

Marvin Harris explica que las clases dominantes crearon y sostuvieron la noción de las brujas volando en escobas y haciendo males como medio de suprimir la naciente ola de un mesianismo cristiano. En el siglo XIII la Iglesia autorizó por primera vez el empleo de la tortura hacia miembros de organizaciones eclesiásticas que nacían en Europa y se constituían en una amenaza contra el monopolio de Roma. Para impedir la ruptura de la Francia meridional con la cristiandad, la Iglesia protagonizó la guerra santa o cruzada albigense. Además de las tensiones que se derivaron del ocaso del feudalismo y el surgimiento de monarquías fuertes, lo cual ocasionó graves crisis en cuanto al comercio, el mercado y la tenencia de la tierra. En este sentido, “el significado práctico de la manía de las brujas consistió, así, en desplazar la responsabilidad de la crisis de la sociedad medieval tardía desde la Iglesia y el Estado hacia demonios imaginarios con forma humana” (Harris, 1986, p. 205).

La brujería, la magia y la hechicería han trascendido barreras del tiempo y de las culturas en cuanto a las prácticas sociales y, por supuesto, en cuanto a los variados estudios desde las ciencias sociales. Las diferencias entre la magia, la brujería y la hechicería, de acuerdo al Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, son sutiles. La “magia” definida como un arte o ciencia oculta que lleva a resultados contrarios a las leyes naturales. La “brujería” se refiere a prácticas mágicas o supersticiosas que ejercen las brujas. La “hechicería” se desprende del término hechizo, que corresponde a ejercer un maleficio sobre alguien por medio de creencias extrañas a la fe religiosa y contraria a la razón. Según James Frazer la magia era una ciencia bastarda, síntoma de inferioridad, propio de pueblos primitivos e infantiles, cuyos actos expresivos estaban basados en medios metafísicos (Leach, 1985, p. 39). Entonces, la Real Academia y Frazer guardan cierta concordancia, sobre todo al definir a los tres términos – magia, brujería y hechicería- con: arte, ciencia oculta – extraña – bastarda, seres imaginables, contrario a las leyes naturales – a la razón – superstición – maleficios – brujos.

Edmund Leach critica la perspectiva de Frazer argumentando que en la magia y en hechicería se entrecruzan asociaciones de ambigüedades propias de la comunicación humana y que deben distinguirse de errores (Leach, 1985, p. 39). Al mencionarse que la magia se aparta de la razón, se arguye que la intervención que realizan los magos no es técnica, debido a que no existe un nexo mecánico que los conecte; ya que lo mágico se identifica de manera esencial, precisamente en que “el mago pretende cambiar el estado del mundo mediante una acción a distancia” (Leach, 1985, p. 40).

En la actualidad, la brujería ocupa un tópico destacado en la vida cotidiana de muchas personas pero también en la literatura y en prácticas lúdicas, como en el argumento de la obra The Lord of the Rings de J. R. R. Tolkien que gira en torno a los magos  Galdalf y Saruman, sobre quienes recae la trama que se debate en la lucha del bien y del mal; variedad de juegos de rol que se inspiran en mitologías y centenares de cuentos infantiles y juveniles, sólo por nombrar algunos ejemplos.


Bibliografía

Harris, M. (1986 [1974]). Vacas, cerdos, guerras y brujas. Los enigmas de la cultura. Madrid: Alianza Editorial.

Leach, E. (1985). Cultura y comunicación. La lógica conexión de los símbolos. Madrid: Siglo XXI Editores.

Real Academia Española. (2001). Brujería, magia y hechicería. En Diccionario de la lengua española (22.a ed.). Recuperado de http://buscon.rae.es/draeI/