Colombia la tierra que todos quieren: análisis político de las elecciones del 27 de mayo de 2018

Isabel Cristina Melo Legarda

Edison Alexander Añazco Murillo

 

Colombia es un país democrático. La participación ciudadana consiste en ir a votar por aquellas propuestas que más le convengan a la nación, ese debería ser el orden de las cosas, pero tristemente no se cumple al pie de la letra. Desde hace algún tiempo, las calles, los medios de comunicación, los periódicos y las redes sociales, entre otros; se han convertido en una pantalla para vender la política.

El 11 de marzo de 2018 fueron elegidos los representantes a la Cámara y al Senado de nuestro país, fue el preámbulo para la elección más importante y transcendental: la presidencial. En esta ocasión seis candidatos aparecieron como elegibles para pasar a segunda vuelta, pero a lo largo de los debates casi siempre asistieron cinco.

Se escuchó un discurso coherente, con promesas que aún suenan hasta bonito y que dan ganas de pensar que todos los problemas de este país, en el que la corrupción se ha apoderado de casi todos los rincones de las instituciones, como una gran maleza, puedan ser solucionados.

Pero la realidad es todo lo contrario, mientras estos candidatos salían en televisión y gritaban sus propuestas en algún balcón o plaza pública, sonaban como redentores y como los únicos que podían organizar este desorden; lo cierto es que Colombia se sumerge más y más en el barrizal. Las elecciones se han convertido en demostrar el poder que tienen unos partidos, por encima de los otros, buscan hacer quedar mal al opositor, metiéndose en su vida personal y en su pasado, burlándose del mejor plan ambiental propuesto. Algún candidato saca tajada de su participación en la Constitución del 91 y en los acuerdos de Paz de 2016 creyendo que esto es suficientes para que pueda subir al poder. Otro candidato por el contrario piensa que porque su abuelo ha sido presidente, él también lo puede llegar hacer. Otro piensa que las matemáticas se aplican a todos los campos existentes y que ilusamente cree que a este país le puede llegar a interesar tanto la educación como para votar por él, la cereza del pastel y que le da esperanzas a tantos jóvenes que buscan trabajo y que no tienen experiencia laboral, porque nadie se la quiere dar, nos demuestra que lo más importante y lo único que se necesita es un buen padrino y el otro candidato, bueno él salió en el tarjetón.

Ahora bien, después de tantos discursos, propuestas y promesas, los colombianos se sulfuraron, cada uno defendiendo lo que pensaba de su candidato, las redes sociales se convirtieron en el mejor escenario para apoyar, criticar, burlarse y tratar de demostrar que su candidato era el que Colombia necesitaba. Aquí es donde queda demostrado que el colombiano es apasionado por lo que quiere y piensa. Se leyeron insultos de toda clase, se deseó el mal y se perdieron amistades.

Apareció un fenómeno llamado castrochavismo, que -era o es- utilizado como arma para amenazar e intimidar a la gente para que -no votara o vote- por Gustavo Petro. Irónicamente tenemos nuestro propio fenómeno -el uribismo- que sin razón aparente y como un pueblo sin memoria, perpetúa esta condena.

Después de mucho esperar para saber qué iba a pasar, el 27 de mayo por fin llegó. Se salió a votar, no sólo con la esperanza que a quien marcara con una X fuera el ganador, sino también para reclamar el certificado electoral que asegura el 10% de descuento en la matrícula.

Las horas pasaban y por fin el cierre de todas las urnas. La Registraduría comenzó a emitir los resultados y como Condorito, quedamos ¡PLOP!

Colombia olvidó sus muertos, los desastres ambientales, los días de paz, la esperanza del cambio. Las matemáticas que enseñaban en el colegio y que recalcan una y otra vez que son lo más importante en la vida quedó en cero. El negociador de la paz no pudo negociar el cambio. El legado familiar político tampoco fue suficiente. Y el otro, bueno el otro tampoco pudo.

Como era de esperarse la maquinaria movió todas las fichas para que su candidato pudiera dar el discurso por haber pasado a la segunda vuelta, Duque casi duplicando la votación para ganar esta primera vuelta y es que el problema no es que sea él y su falta de experiencia en el campo, el problema son los intereses políticos que lo acompañan. Por otro lado, Petro riñó hombro a hombro con Fajardo, pero al final fue él quien alcanzó la mayoría de los votos. Entonces, según la Revista Dinero, esto quedó así:

Duque con el 39,1% que equivale a 7.569.693 votos.
Petro con el 25,1%   que equivale a 4.851.254 votos.
Fajardo 23,7% – 4.589.696 votos.
Vargas Lleras 7,3% – 1.407.840 votos.
Voto en blanco 2,1% – 401.399 votos.
De la calle 2,1% – 399.180 votos.
Trujillo Sarmiento 0,4% -75.614 votos.
Morales 0.2% – 41.458 votos y eso que esta postulante se retiró de la candidatura.

Luego de la alegría de unos, la tristeza de otros y la desilusión de los demás, se empiezan a utilizar las matemáticas para tabular lo que puede pasar, comienza una campaña para generar alianzas, estrategias para atraer a los votantes y los colombianos una vez más empiezan apasionarse por lo que se le viene a este país.

Lo cierto es que Colombia, se alista para el 17 de junio de 2018, día en que se define quien continúa con este legado presidencial, pero lo más importante no es que sea de izquierda, extrema izquierda, derecha o centro o del lado que sea, lo importante es que le duela lo que le pasa a este país, a los muchos enfermos que claman una mejor salud, a los campesinos que piden ser escuchados para que les mejoren las vías y poder sacar las frutas y verduras que alimentarán a todos, que escuchen a la tierra que clama no ser explotada, a los cientos de pobres que se rebuscan el sustento de su familia, a los muchos viejitos y viejitas que se mataron toda la vida para disfrutar de una pensión, que ayuden a las madres que perdieron a sus hijos por la violencia y los falsos positivos, a tantos colombianos que guardamos la esperanza de vivir esta tierra.

De las conclusiones de este proceso electoral queda un sinsabor, no por los candidatos que fueron elegidos para segunda vuelta, sino por la coherencia de los que habitamos esta tierra. Se nos revuelve el estómago al pensar en una posible comparación a un régimen castrochavista, sin darnos cuenta de que aquí se tiene implantado el fenómeno uribista, que no deja de manipular las maquinarias de este país.

Que lo malo de la rosca, es no estar en ella.

Que las matemáticas al final no sirvieron para lograr un cambio, pero que continúan siendo exactas.

Que los colombianos nos apasionamos por todo y al igual que el mundial de fútbol que ocurre cada cuatro años, esperamos que los candidatos que se disputen este puesto tan apetecido, se coloquen la camiseta y puedan hacer el cambio en la política colombiana.

Que la ética y la moral está en cada una de las acciones que hacemos y que está en cada uno ser consciente, de lo que queremos vivir para los próximos cuatro años.

Y que Colombia es una tierra hermosa, que merece el respeto de todos y que nos falta esperar hasta el 17 de junio para saber, cómo termina este cuento.


Fuentes consultadas

Caricaturas de El Tiempo y El Espectador. Bogotá, 27 de mayo de 2018.

https://www.dinero.com/pais/articulo/resultados-de-las-elecciones-presidenciales-2018/258863


Gratitud a,

Isabel Cristina Melo Legarda

Edison Alexander Añazco Murillo

Estudiantes de octavo semestre de la asignatura Ética (Carrera de Diseño Visual, Facultad de Arte y Diseño, Institución Universitaria Colegio Mayor del Cauca, Primer semestre, 2018).