La puerta fatal de “Crónica de una muerte anunciada” de Gabriel García Márquez

Dibujo del Maestro Rodrigo Alberto Valencia Quijano

Rosa Patricia Quintero Barrera

Nos sorprendían los gallos del amanecer tratando de ordenar las numerosas casualidades encadenadas que habían hecho posible el absurdo, y era evidente que no lo hacíamos por un anhelo de esclarecer misterios, sino porque ninguno de nosotros podía seguir viviendo sin saber con exactitud cuál era el sitio y la misión que le había asignado la fatalidad

Gabriel García Márquez (1981)

 

Santiago Nasar vuelve a morir cada vez que, Gabriel García-Márquez, narra en “Crónica de una muerte anunciada” cómo ocurrió su asesinato. El último recuerdo que conservó su madre, Plácida Linero, fue cuando lo vio en la puerta de su dormitorio, buscando una aspirina, para alivianar los malestares propios del guayabo que le habían quedado de la fiesta del matrimonio entre Ángela Vicario y Bayardo San Román. Las puertas que aparecen como punto dramático en el desarrollo de toda la trama, son el motivo de este escrito. Desde las primeras líneas, para el lector es claro que Santiago Nasar es asesinado sin cruzar la puerta principal de su propia casa, y que ya se sabía que lo iban a matar; el asunto que atrapa en la lectura –por supuesto- es conocer los detalles de la tragedia.

 

Dibujo de bolígrafo sobre papel del Maestro Rodrigo Alberto Valencia Quijano.

Ese fatídico lunes, Santiago Nasar le contó a su madre que se había soñado con árboles. Ella que interpretaba los sueños, no lo hizo, porque estaba en ayunas. Plácida Linero, se quedó con “el dolor de cabeza eterno que le dejó su hijo la última vez que pasó por el dormitorio” (García Márquez, 1981, p. 13). Lo recordó siempre con el vaso de agua en la mano. Algunos muertos se quedan en el mundo de los vivos buscando agua, como Prudencio Aguilar que quería lavarse las heridas en la casa de los Buendía; por eso, Úrsula Iguarán aprendió con el tiempo a dejársela servida para que se refrescase de la incomodidad de la sangre cristalizada en su cuello. Plácida Linero también aprendió a matizar su culpa de haber cerrado la puerta principal de su casa, ya que se convenció de que Divina Flor le había asegurado que su hijo se hallaba en su cuarto. Si la puerta fatal que daba a la plaza del pueblo no hubiese sido cerrada por Plácida Linero, ese lunes de febrero, Santiago Nasar no habría muerto a puñaladas de Pablo y Pedro Vicario. Pero nunca se perdonó no haber interpretado a tiempo el sueño de su hijo.

Románico II del Maestro Luis Prado Allende Sito, es un acrílico sobre madera de 122 x 100. Portada reconstruida en la localidad de Siero de la Reina que originariamente perteneció a este pueblo, pero que por avatares de la vida se instaló en la iglesia de la localidad de Pedrosa del Rey y reproducida de nuevo en la misma iglesia e instalada en Riaño.
Románico II del Maestro Luis Prado Allende Sito. Es un acrílico sobre madera de 122 x 100. Portada reconstruida en la localidad de Siero de la Reina que originariamente perteneció a este pueblo, pero que por avatares de la vida se instaló en la iglesia de la localidad de Pedrosa del Rey y reproducida de nuevo en la misma iglesia e instalada en Riaño.

La casa de los Nasar tenía dos puertas: (i) La del frente llevaba a la plaza y permanecía cerrada con tranca por dentro, menos los días festivos. La noche anterior, Ángela Vicario y Bayardo San Román, se habían casado en una fiesta memorable por el despilfarro y sobre todo por la tragedia. La novia culpó a Santiago Nasar de haberle robado su virginidad, dando inicio a la fatalidad: “Nadie podía entender tantas coincidencias funestas” (García Márquez, 1981, p. 20). (ii) La puerta posterior era la que más se usaba, no sólo porque llevaba a las pesebreras y a la cocina, sino porque daba a la calle del puerto nuevo sin pasar por la plaza. Por esta puerta, que sí estuvo abierta, logró entrar Santiago Nasar antes de derrumbarse con sus vísceras expuestas al sol.

En esta obra Gabriel García Márquez, considerada por él mismo perteneciente al género literario de la novela negra, juega permanentemente con los tiempos y con las vivencias de los personajes en torno al anunciado crimen. A todos a quienes se encontraron los gemelos Vicario en el preparativo del asesinato, les dijeron que tenían que matar al hombre que había deshonrado a su hermana. Ellos no querían asesinarlo, era su amigo desde la infancia. Esperaban que alguno de los moradores del pueblo los detuviese. No les creyeron. Muchos pensaron que eran cosas de borrachos, que eran incapaces de asesinarlo. Sin embargo, todos se equivocaron, los gemelos Vicario lograron su cometido con la sevicia de los que se ensañan en la humanidad de otro hombre, sin remilgo, ni indulgencia, ni culpabilidad; porque de inmediato aceptaron y justificaron su atroz crimen. Clotilde Armenta que los conocía tan bien que podía distinguirlos, declaró en la investigación adelantada por el narrador -el mismo Gabriel García Márquez- que “Parecían dos niños”, reflexión que logró asustarlo, “pues siempre había pensado que sólo los niños son capaces de todo” (García Márquez, 1981, p. 74).

Dibujo y composición fotográfica del Maestro Rodrigo Alberto Valencia Quijano

Por último, la alusión a las puertas es constante en “Crónica de una muerte anunciada”.  La puerta del dormitorio de Plácida Linero que deja que vea a Santiago Nasar por última vez con un vaso de agua en su mano. La puerta alcahueta que la madre del narrador deja abierta a uno de sus hijos para evitar que su marido se percate de las entradas a deshoras. La puerta que Flora Miguel le cerró con aldaba a Santiago Nasar, después de entregarle el cofre de las cartas sin amor que él le había escrito desde la época del colegio y después de haberle dicho: “Aquí tienes (…) ¡Y ojalá te maten!” (García Márquez, 1981, p. 147). Las puertas abiertas de la casa de María Alejandrina Cervantes en la que sus mulatas del placer se acostaban solas a descansar, luego de haber amado y celebrado con los hombres que solían visitarlas.

Sin duda la puerta principal es la protagonista del drama: Alguien desliza una carta por debajo anunciando la fatalidad. Divina Flor la deja sin tranca con la esperanza de que Santiago Nasar logré evadir a sus enfurecidos asesinos. Es la puerta que su madre le cierra a pocos metros de lograr cruzarla, que de haberla encontrado abierta hubiese salvado su vida. Es la puerta en la que los gemelos Vicario terminan sosteniéndolo a cuchilladas. Es la puerta desportillada a punta de cuchillo para matar cerdos: “Después entró en su casa por la puerta trasera, que estaba abierta desde las seis, y se derrumbó de bruces en la cocina”.


Inmensa gratitud

a los Maestros Rodrigo Alberto Valencia Quijano y Luis Prado Allende Sito,

por la generosidad de permitir publicar sus obras en este Blog.


Bibliografía

García-Márquez, Gabriel. (1981). Crónica de una muerte anunciada. Bogotá: Editorial La Oveja Negra.