El amor entre los subalternos de la película “La forma del agua”

Ilustración sin fuente

Natalia Calle Otero
Lina Valentina Vargas Vargas
Rosa Patricia Quintero Barrera

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“La forma del agua” de Guillermo del Toro, es una película que debemos ver con todas nuestras emociones encendidas; ya que, más que una simple cinta cinematográfica, es una experiencia sensorial. El uso de tonos oscuros entre verde y azul, propio del insistente ambiente acuático, junto con el jazz y las texturas narrativas, nos sumerge en el surrealismo del amor entre dos seres de agua.

Podríamos suponer que la trama se desarrolla en un mundo de fantasía, misterio o suspenso; pero no, lo que vemos es la realidad de una sociedad que aunque este situada hace unas décadas, se asemeja a la de hoy en día. Esta película presenta varios aspectos para analizar, pero aquí nos centraremos en el drama del amor.

Se evidencia cómo es la cotidianidad. Esa rutina a la que nos sometemos diariamente y que al final terminamos acostumbrándonos. En la película, el encuentro entre Elisa Esposito y el Hombre Anfibio, hace que para ambos ocurra un giro trascendental, al sentir emociones nuevas que inciden en sus modos de actuar y de percibir todo a su alrededor.

Elisa , es la princesa sin voz y decide comunicarse con el lenguaje de señas. Es cuidadosa del tiempo, coqueta, divertida, logra pasar inadvertida. Se conecta con el Dios del Río Amazonas, porque ambos son seres del agua. Ella se considera incompleta y él logra llenarla. Elisa es una chica solitaria, que no quiere hablar,  es rechazada e incomprendida, salvo por dos amigos.

El Hombre Anfibio es capturado en las aguas del Amazonas por unos científicos, que a la larga no saben qué hacer con él. Su rapto ocurrió cuando defendía a su naturaleza y a sus humanos. Es exuberante, colorido, luminoso, con la majestuosidad y la virilidad propia del Hombre Dios que los nativos de la selva adoraban. Es un personaje que se mueve entre lo fuerte/violento y lo suave/tierno; al defenderse de su captor, despojándolo de un par de dedos de la mano de un mordisco, o, en contraste, al conmoverse con los huevos y la música de Benny Goodman y Glenn Miller, que le lleva su Princesa sin voz.

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El Hombre Anfibio, al pertenecer a una especie extraña y desconocida que no puede comunicarse con los humanos, también es rechazado y tomado como cierto fenómeno que solo será usado para experimentos científicos. Por ello, el encuentro de los dos personajes transforma su rutina y los prepara para las diferentes situaciones que se avecinan; construyen una comunicación mediante las señas, permitiendo que se rompan las barreras del lenguaje entre especies. Al respecto, es importante considerar que no siempre es necesario emitir sonidos o palabras para manifestar lo que sentimos o queremos. Muchas veces nuestra expresión corporal, facial e incluso las señas y gestos dicen más que mil palabras y hacen que podamos comunicarnos con otras especies, como sucede en el desarrollo de la película.

Por otra parte, resaltamos el tema de la diversidad cultural e identitaria. Vemos una película ambientada en la década de los sesenta, con una propuesta narrativa de Guillermo del Toro, que habita a personajes en campos sociales abiertos y diversos para la época.

Zelda Delilah Fuller es la mejor amiga de Elisa, es una afroamericana que también trabaja en los servicios de aseo del laboratorio. Ella es solidaria, cariñosa, valiente, divertida y cómplice del plan para liberar al Hombre Anfibio de la muerte que se le agenda en el laboratorio.

Giles comparte el apartamento con Elisa, ubicado en los altos del Cinema. Dibujante de carteles, queda en el desempleo durante la madurez de su vida y se enamora sin ser correspondido del dueño de una pastelería. Giles disfruta con Elisa de ver en televisión programas cómicos y películas clásicas; también es su cómplice en la liberación del Hombre Anfibio. Él es quien descubre el don de curar que tiene el ser de agua.

Entonces, los personajes de la película son subalternos, los que no tienen nada que perder: Afroamericanos discriminados que trabajan en servicios generales. Un homosexual desempleado e ignorado. Un monstruo acuático raptado, torturado y enamorado. Una mujer insignificante, muda y enamorada. Incluso el antagónico es un marginado del social: el Coronel Richard Strickland que se caracteriza por su arrogancia, ejemplifica al villano que solo busca pisotear a quienes él considera que no están a su nivel, todo para alimentar su egocentrismo. Del Toro nos deja tener una perspectiva crítica acerca del machismo, del racismo, de la experimentación y de la homofobia.

Apreciamos dos ámbitos analíticos. (i) Representado por la gente humilde y trabajadora, que a pesar de conocer las barbaridades y atrocidades que ocurren en el laboratorio; trabajan sin parar. No alcanzan el reconocimiento y el protagonismo que se merecen. (ii) El contexto de la Guerra Fría, los norteamericanos y los soviéticos disputándose el dominio del mundo, los científicos trabajando para los militares.

El tiempo no es sino un río fluyendo de nuestro pasado, lee Elisa en una hoja del calendario.

La forma del agua es constante en la película: la lluvia, la tina en la que se baña y se complace Elisa, el tanque y la piscina del laboratorio que guarda al Hombre Anfibio, el río y el mar de los dos seres del agua, las gotas en la ventana del bus, en la olla que cocina los huevos que se lleva Elisa al trabajo, en el vaso en que toma Strickland las pastillas para el dolor que le genera su mano gangrenada, en los baldes de Elisa, Zelda y Yolanda para limpiar el lugar.

En medio de la tragedia de la experimentación y del maltrato a los subalternos, la obra fílmica se desenvuelve entorno al amor –amorfo- porque el agua no tiene forma y la adquiere cuando Elisa y el Hombre Dios del Amazonas lo permiten. Tampoco pueden evitarlo, ambos pertenecen al agua.

La vida es solo el naufragio de nuestros planes, lee Elisa en una hoja del calendario.


 

Referencia de la película

Del Toro, Guillermo. (Director). (2017). The Shape of Water. USA:
Fox Searchlight Pictures
TSG Entertainmen. 123 minutos.


Gratitud a,

Natalia y a Lina, por aceptar la invitación para escribir a tres manos sobre lo importante de la vida.

Y al curso de Formación Ciudadana del Programa de Diseño Visual de la Facultad de Arte y Diseño de la Institución Universitaria Colegio Mayor del Cauca.