Cultivos de mujeres afrodescendientes en las zoteas

Rosa Patricia Quintero Barrera

Doña Carmen recomienda hacer la zotea alternando cuatro horquetas con otros palos de guayacán atravesados y se echan en la tierra. Encima le colocan hoja de colino, amargo o platanillo para que el piso de la estructura quede junto. También recurren a la palma de chontaduro, montada en una horqueta o champa (canoa) en el Atrato.

El tamaño depende de las necesidades y del espacio disponible fuera de la casa. En algunas ocasiones la instalan en una olla vieja. Si la zotea es grande, quizá más de un metro y medio, utilizan una escalera para acceder a los cultivos. Si el tamaño lo requiere, los hombres se encargan de construirla. Las mujeres siempre se disponen a sembrar y a cuidar las plantas.

Los sembradíos alternan entre alimenticios, medicinales, para riego y para tener bebedizos en el caso de que alguien se enferme. La cantidad y la variedad de especies sembradas se ajustan a lo que se quiera y se pueda, dice doña Carmen. Prefieren el cultivo de tomate, pimentón, orégano, poleo, cebolla larga, pepino, cilantro de hoja más ancha porque es la más olorosa y albahacas de los siete tipos. Ella recalca que de cada planta existen siete variedades, que sólo crecen en el litoral Pacífico colombiano. También siembran plantas de remedio como toronjil, menta, yerbabuena y paico para las lombrices y las plantas para untarle al niño cuando se le cae el ombligo. La yerbasanta es buena para estudiar y para riego sirve la morada y la santísima que son más olorosas.

Al recordar sus cultivos en tierra chocoana, ella siente tristeza y dice que para construir una zotea en su casa de Soacha necesitaría conseguir una tabla que allí es imposible de adquirir. Sin embargo, doña Carmen,  ha acondicionado un pequeño cultivo en el suelo del patio, porque aquí no hay cómo hacerla. Es claro considerar que las mujeres quisieran tener sus cultivos adaptados al nuevo ámbito urbano, que les proporcionaría un gran apoyo alimenticio y simbólico, sobre todo ante la carencia económica y los límites para acceder a estos productos.


Inmensa gratitud a, 

Hilda, Josefina, Azael, Fanny, Sky, Samuel, Nurys, Elsa, Consuelo, Amanda, Francisco y Félix; habitantes de los Altos de Cazucá, quienes entre el destierro rehacen su propia historia.