Deseo por la felicidad al estilo de los Países de Cucaña desde Estanislao Zuleta

La Cucaña de Pieter Brueghel el Viejo

Rosa Patricia Quintero Barrera

También esta noche, Tierra, permaneciste firme. Y ahora renaces de nuevo a mi alrededor. Y alientas otra vez en mí la aspiración de luchar sin descanso por una altísima existencia. Estanislao Zuleta

En su discurso “El elogio a la dificultad”, Estanislao Zuleta, menciona algunos imaginarios de la -siempre- añorada felicidad. Uno de ellos es la relación entre este estado con la invención de paraísos caracterizados por la vida sin riesgos, sin muerte, sin preguntas, sin esfuerzos; es decir, una alegoría a la metáfora medieval de los países de Cucaña:

Entre las más famosas utopías medievales se encuentra la de un país maravilloso, el país de Cucaña, en el que se vive sin trabajar y donde la comida, la más deseada, se ofrece generosamente. El país de la Cucaña es la variante laica de la búsqueda y localización del paraíso terrenal, asociado a lo alimenticio y destinado a los glotones. Es un lugar en donde pagan por descansar y castigan por trabajar; los árboles son de buñuelos, las casas están hechas de pasteles, hay ríos de leche y animales ya cocinados que deambulan dispuestos a ser engullidos. A éstos se asocian otros motivos como la presencia de oro, la fuente de la juventud y el placer carnal (Le Goff, citado en Pérez Samper, 2015).

Según Zuleta “La pobreza y la impotencia de la imaginación nunca se manifiestan de una manera tan clara como cuando se trata de imaginar a la felicidad”. Para nutrir la mención a los países de Cucaña, se vale de metáforas como el retorno al huevo y la monstruosa salacuna de abundancia. Tienen sentido al considerar que en el huevo y en la sala cuna, los sujetos allí alojados reciben todos los cuidados requeridos para subsistir. Al salir de esos cómodos y cálidos lugares, se enfrentan a la dificultad de mantenerse en las mismas condiciones, sin esfuerzo alguno. Para compensar las incertidumbres acaecidas, entra en escena la Doctrina Global, otro concepto importante en este discurso de Zuleta:

En vez de desear una sociedad en la que sea realizable y necesario trabajar arduamente para hacer efectivas nuestras posibilidades, deseamos un mundo de satisfacción, una monstruosa salacuna de abundancia pasivamente recibida. En lugar de desear una filosofía llena de incógnitas y preguntas abiertas, queremos poseer una doctrina global, capaz de dar cuenta de todo, revelada por espíritus que nunca han existido o por caudillos que desgraciadamente sí han existido (Zuleta,1980).

Ajustarse a la hegemonía como diría Gramsci, nos lleva a aceptar a las realidades, en sus distintas representaciones (laborales, familiares e ideológicas, entre otras) como una especie de destino natural, estético y merecido. Pues, finalmente la Doctrina Global tiene sentido porque es experimentada y difundida por caudillos religiosos y políticos.

Además, en este tiempo de fluidez y de generosidad cibernética, fungen como administradores de identidades ejemplarizantes: cantantes, actores, autodefinidos como “políticamente correctos”, deportistas, influenciadores de las redes. En fin aquellos personajes que condensan en su imagen pública al éxito y a la mismísima encarnación de la supuesta felicidad, en suma a los requerimientos actuales que llevan a la aceptación y al reconocimiento. Ellos venden diferentes productos que se ajustan a los ideales de la felicidad actual: las cremas que detienen la vejez, las malteadas para adelgazar, los utensilios para lucirse en la preparación de alimentos sin inversión de tiempo y de energía, las máquinas para pulir los abdómenes y las nalgas, programas de titulación doble en centros educativos; en fin, cualquier cantidad de productos y de formas de comportamiento que de manera mágica conducen a la felicidad y a encajar con los otros seres que se muestran como felices y exitosos.

La Doctrina Global de Zuleta se convierte en la droga del Soma de Huxley, que toman los individuos de su mundo feliz, cuando se sienten agobiados, preguntones, incómodos, sin ánimo, con ganas de protestar; para volver a estabilizarse, a habitar el mundo ordenado y controlado que les permite estar conformes y por ende felices. Cuánta falta nos hace retomar el discurso de Zuleta, para cuestionarnos acerca de los ideales de felicidad centrados en la abundancia per se, en el individualismo, en el no cuestionarnos y en el no esforzarnos.

(…) que la dificultad de nuestra liberación procede de nuestro amor a las cadenas. Amamos las cadenas, los amos, las seguridades porque nos evitan la angustia de la razón (Zuleta,1980).


Fuentes citadas

Pérez Samper , María de los Ángeles. (2015). Entre el paraíso de la abundancia y el infierno
del hambre: mitos y realidades. Cuadernos de Historia Moderna, XIV. Barcelona: Universidad de Barcelona.

Zuleta, Estanislao. (1980). El elogio de la dificultad.