Canciones del Maestro Sergio Rojas Fajardo a Popayán

"Puente del Humilladero en un día lluvioso" de Alfonso Espada
“Puente del Humilladero en un día lluvioso”. Dibujo a lápiz del Maestro Alfonso Espada (Popayán, 2016)

Rosa Patricia Quintero Barrera

El Puente del Humilladero

Al ritmo de una danza, el maestro Sergio Rojas Fajardo, que se distinguió por cantar y por tocar la guitarra en las reuniones familiares, celebra el cumpleaños de un siglo al Puente del Humilladero; que otrora fue la entrada a la Ciudad de Paredes Blancas.

Entre antagonismos de llanto y amor, de olvidos y resplandor, de suavidad y ladrillo, de curvas y pendientes; se detiene en la simbología del número doce: doce horas del tiempo, doce testigos de inmenso valor, doce arcos del Puente.

También sobresale en la lírica, la arquitectura. Le canta con la alegría de la danza a los arcos, al antiguo portalón dorado, al piso empedrado, al viejo molino y al puente querido. Estructuras que juntas dimensionan el transitar de la gente a través de curvas y de pendientes que esforzaban a bajar la cabeza, pero antes de la construcción del puente sobre el riachuelo. Entonces, los caminantes pudieron entrar a Popayán con sus miradas hacia el cielo y con menos esfuerzo. El maestro Rojas, no deja de cantarle a la extrañeza, a la remembranza, con estilo español. A los ladrillos unidos con el calicanto, mezclados con sangre del toro arador.

 

Ciudad de Paredes Blancas

Ciudad de Paredes Blancas es una de sus canciones más reconocidas en las representaciones identitarias de los nativos de Popayán. El nombre de Ciudad de Paredes Blancas hace gala del color de sus fachadas. La lírica de este bolero se detiene en la añoranza a las edades tempranas de los payaneses, en particular a la infancia, porque son las huellas más hondas del alma. En la ensoñación –desde Bogotá- , ya que el maestro Rojas se encontraba en la Capital –cuando la compuso-.

Ensoñación de recorrerla palmo a palmo, pues cada paso transitado era un recuerdo inolvidable. En la distancia, Popayán, era soñada estando despierto, sobre todo cuando tañían las campanas y en medio de la ancestralidad española convidaban a las procesiones y sus hijos que la amaban sentían como repicaban – también- sus corazones.

Después de la añoranza, Sergio Rojas, alude a la arquitectura colonial de la Ciudad de Paredes Blancas, que junto con su antigüedad de haber sido fundada y el cuidado en particular de la cartografía de su centro histórico, fue declarada como Patrimonio Histórico de la Humanidad.

Así, este bolero, le canta a los campanarios, a los muros recios, a los viejos caserones, a las ventanas, a los balcones, a los aleros, a los portales, a los patios españoles y al Cerro de Las Cruces. Es profundo el celo que guarda la canción a la religiosidad propia de la herencia española, que ha sido una de las más connotadas huellas en las recordaciones y en el reconocimiento de Popayán, por los propios y por los foráneos que a ella arriban o que quisieran vivirla, soñarla, evocarla, caminarla y tocarle guitarra; como lo hizo el maestro Rojas: escucha vibrar de ausencia, las cuerdas de mi guitarra.

 

Valle de Pubén

Con la marcha ligera del Pasodoble, recuerda a la Princesa del Sol, a la india Pubenza, cuya existencia de leyenda inspiró el nombre del Valle de Pubén. Aquella mujer, india, pero princesa habitó la ondulada tierra que se convirtió en el edén del maestro Sergio Rojas. Un paraíso lleno de luz, de color de verdes collados para enamorados de cuentos de amor. Primavera constante y fecunda, propicia para los amantes que no quieren, porque no pueden olvidar los majestuosos atardeceres, ni la vieja ciudad a la que se entraba por el Puente del Humilladero, ni a la Cruz de Belén, porque, así lo canta con su guitarra, Sergio Rojas: Pubén yo te llevo en mi ser, con la fe que inculcaron los que allí dejaron la Cruz de Belén.


Gratitud a los Maestros:

Carlos Hugo Ayala por permitirme acercar a tan significativa obra musical de Sergio Rojas Fajardo a través de la investigación “Popayán en las canciones de Sergio Rojas Fajardo”.

Alfonso Espada por su bello dibujo del “Puente del Humilladero en un día lluvioso”.