Diario de campo: Primera parte

Diario de campo de Karenc Michell Arana

Rosa Patricia Quintero Barrera

Sí no hubiese sido porque el profesor Richard Evans Schultes, considerado como el más importante explorador de plantas amazónicas del siglo XX no guardó sus diarios de campo, nos habríamos perdido de la maravillosa obra de Wade Davis. Resultado de su primera travesía fue “El río. Exploraciones y descubrimientos en la selva amazónica” (2001). Ese libro surge de su generosísima etnografía al recorrer lo inhóspito de la selva, junto con el etnobiólogo Timothy Plowman.

“Cuando decidí escribir El Río, hace cerca de dos décadas, no tenía ni idea de que el proyecto iba a consumir seis años de mi vida. El profesor Schultes no guardaba sus diarios de campo y era necesario reconstruir sus trece años de experiencias en la Amazonia colombiana a partir de una serie de fuentes de archivo no siempre fáciles de conseguir. El esfuerzo de investigación fue prodigioso, pero sólo después de haber adquirido una visión completa del material histórico, que se grabó en mi mente como sobre piedra, me sentí con la confianza suficiente para convertirlo en sílabas, palabras, frases, párrafos y páginas” (Davis, 2004, p. 1).

La investigación promueve el pensamiento lógico y crítico mediante el cruce de lo empírico y de lo teórico que sugiere lo cotidiano. Incentiva espacios para preguntarse y asombrarse ante la diversidad –de comportamiento y de posibles representaciones- humanas. Durante el proceso investigativo resulta trascendental pasar las realidades captadas a interpretaciones escritas en el diario o bitácora. Ese cuadernito, porque generalmente es pequeño para poderlo llevar a todas partes, guarda toda suerte de conocimientos adquiridos durante el trabajo en terreno, como se le conoce al acercamiento a aquellos con quienes se quiere hablar a profundidad sobre algo, implica –tanto- interés de quien pregunta como de quien responde, para lograr enredarse ambos en el diálogo del salir al mutuo encuentro.

El delicado hilo que une al estudioso de alguna problemática con los datos empíricos que logra entender, tiende a fragmentarse, diluirse, transformarse cuando se concentra en entretejer lo recolectado por medio de la observación y de las entrevistas con las relaciones que va construyendo en su mente y en sus emociones al entender los conceptos enredados en intrincadas y a veces laberínticas teorías.

Diario de Campo de Karenc Michell Arana
Diario de campo de Karenc Michell Arana

Esa interpretación casi siempre se queda en la descripción, en la facilidad y comodidad de traducir, de armar el rompecabezas del conjunto de datos almacenados en los diarios de campo, en las grabaciones de audio y de video, en las fotografías, en los resúmenes, en los textos. Inherente al proceso investigativo, es clara la importancia de increparse no solo en el plano del episteme sino de la propia existencia. Ese propósito tan fácil de escribir, en la práctica, representa –sin duda- gran dificultad. Dificultad porque el academicismo ha hecho lo suyo en nuestras mentes y por ende en los procedimientos metodológicos. No resulta sencillo tomar distancia de la comodidad, de la conveniencia, del miedo de apartarse de lo ya conocido. Tomar para sí, la trascendencia de estudiar otredades y mismidades, con libertades interpretativas, pueden llevar a construcciones de textos con una propia impronta y sentido, incluso con piezas de diferentes rompecabezas, aunque al final no tengan acogida, ni lectores.

En efecto cuando no logramos adentrarnos, ni ir más allá de los datos, nos quedamos en la reproducción hegemónica y colonial del conocimiento. Este asunto tiene doble filo: (i) Las exigencias en el mundo académico (títulos, publicaciones, trayectorias profesionales, empatías con colegas, calificaciones). (ii) Investigaciones propias, colocaciones (disciplina de estudio, posicionamientos políticos e ideológicos, capacidad e interés de salir del facilismo, de esa inmensa sala-cuna, de ese país de Cucaña que plantea Estanislao Zuleta). El conocimiento, entonces se convierte en una mercancía, en un don maussiano, que se da, se recibe o se devuelve. Se convierte en un consumo, en donde se instalan la producción, el mercado y el intercambio de privilegios.

“Las notas de campo deben incluir descripciones de personas, acontecimientos y conversaciones, tanto como las acciones, sentimientos, intuiciones o hipótesis de trabajo del observador. La secuencia y duración de los acontecimientos y conversaciones se registra con la mayor precisión posible. La estructura del escenario se describe detalladamente. En resumen, las notas de campo procuran registrar en el papel todo lo que se puede recordar sobre la observación. Una buena regla establece que si no está escrito, no sucedió nunca” (Taylor y Bogdan, 1987, p. 75).

Aunque a ratos aquello que no se escribe puede ser porque se quiere dejar al secreto de los recuerdos que perduran y que no se quieren contar. Por eso, en la mirada antropológica prefiere la observación. Sin colocación/suelta/divertida/espontánea, in situ como dirían los que se guardan en el saber. Diálogos y encuentros de ethos que subsisten en el mismo calendario, pese a que las existencias no sintonicen. No tienen por qué acordar, son senti-razones plurales. Y justo, eso, hace tan excepcional/maravillosa/inquietante la naturaleza humana, que –siempre- merece ser sorprendida por unas ciertas notas en una libreta de campo; que con letras de colores no sólo registran las palabras y las corporalidades, sino también las pausas, las metáforas y los silencios intermitentes que más cuentan. En consideración a los tecnicismos, que es necesario aprender para luego aparentemente desaprender, solo porque ya forman parte de la mente inquieta y crítica del investigador, Taylor y Bogdan (1987), recomiendan:

Prestar atención. 

Cambiar la lente del objetivo: pasar de una de “visión amplia” a otra de “ángulo pequeño”.

Busque “palabras claves” en las observaciones de la gente. Concentrarse en las observaciones primera y última de cada conversación.

Reproduzca mentalmente las observaciones y escenas.

Abandone el escenario en cuanto haya observado todo lo que esté en condiciones de recordar.

Tome sus notas tan pronto como le resulte posible, después de la observación. 

Dibuje un diagrama del escenario y trace sus movimientos en él. 

Después de haber dibujado un diagrama y trazado nuestros movimientos, bosquejemos los acontecimientos y conversaciones especificas que tuvieron lugar en cada punto antes de que tomáramos nuestras notas de campo. 10. Si hay un retraso entre e! momento de la observación y el registro de las notas de campo, grabe un resumen o bosquejo de la observación. 

Después de haber tomado sus notas de campo, recoja los fragmentos de datos perdidos (p. 75).

A manera de complemento, los mismos autores señalan que aunque cada uno toma las notas como quiere y como puede, es importante:

Comenzar cada conjunto de notas con una caratula marcada con los datos que recuerden el lugar, los participantes y la intencionalidad del encuentro.

Incluya el diagrama del escenario al principio de las notas.

Deje márgenes suficientemente amplios para comentarios

Utilice con frecuencia el punto y aparte.

Emplee comillas para registrar observaciones tanto como le resulte posible. No es necesario incluir reproducciones literales

Use seudónimos para los nombres de personas y lugares.

Las notas deben conservarse por lo menos triplicadas (Pp. 81-82).

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Los diarios de campo, a la larga son íntimos como lo que ocurre en una investigación, los vínculos que se logran, lo que se quiere escribir; luego mucho de lo que contienen quedará en algún escrito de la Universidad, en un trabajo de grado, en un ensayo de revista, en un libro, en un informe técnico; pero como los diarios de los adolescentes guardan frases, dibujos, hojitas pegadas, puntos suspensivos, puntos finales; el descubrimiento de todo un universo interpretativo de lo importante para las personas que salen al encuentro. En palabras de Alfredo Molano (2016) “Escribí buscando los adentros de la gente en sus afueras, en sus padecimientos, su valor, sus ilusiones. Borraba más que escribía, hurgaba, rebuscaba el acorde de las sensaciones que vivía la gente con las que yo mismo llevaba cargadas en un morral”.


Bibliografía

Arana, Michell. (2019). Diario de campo de la investigación “La fotografía una moda en los jóvenes” con Alejando Bolaños. Asignatura “Técnicas de Investigación”, Programa de Diseño Visual. Facultad de Arte y Diseño. Popayán: Institución Universitaria Colegio Mayor del Cauca.

Davis, Wade. (2004). El río. Exploraciones y descubrimientos en la selva amazónica. Bogotá: Fondo de Cultura Económica.

Molano, Alfredo. (2016). Las inspiradoras palabras de Alfredo Molano al recibir el Premio a la Vida y Obra. Revista Semana. 

S.l. Taylor y R. Bogdan. (1987). Introducción a los métodos cualitativos de investigación. La búsqueda de significados.

Zuleta, Estanislao. (1980). El elogio de la dificultad.