Habitar la mente y el cuerpo de un indigente: ejercicio de Ética

El ejercicio de la clase de Ética fue muy sencillo: analizar el video “Mentira la verdad – El otro” del filósofo Darío Sztajnszrajber, tomar nota en el cuaderno de aquello que no quisieran olvidar en particular teniendo en la mente ¿Quién soy yo? y ¿Quién es el otro? Luego de conversar entre todos un buen rato, decidimos habitar la mente y el cuerpo de un joven indigente que deambula por la ciudad. A continuación aparecen algunos de los escritos que quedaron del momento de ponerse en el lugar de un otro sujeto, muy distante a cada uno:

 

Juan David Coral Arcila

Recuerdo aquel día que cometí el error. Lo tenía todo: familia, estudio, hogar, alimento diario; todo lo que se requiere para vivir y ser feliz lo tenía yo, pero ahora no tengo nada. Ya no recuerdo muy bien como inició todo, pero si el día en que cambió; desearía poder retroceder unos años atrás para poder vivir aquellas pequeñas cosas que me hacían feliz, como cuando mi madre me regañaba porque no lavaba mis manos antes de comer o cuando me gustaba aquella niña en el colegio, eran cosas tan simples o tal vez insignificantes para mí, o incluso para cualquier otra persona que siempre lo dejaría pasar por alto, y es que la verdad no deseo mucho, solo un poco, algo mínimo nuevamente, quiero que las personas me miren como antes, como una persona normal, quisiera despertar en mi cama acolchada y enfurecer con ojeras porque tengo que ir a estudiar, deseo sentirme parte de esta sociedad, que no me excluya nadie por como estoy o por como me veo en este momento, pero sé que eso nunca pasará, las personas me ven como una cosa rara, como un perro callejero sucio que deambula por las calles de Popayán sin un destino fijo.

Solo quiero sentirme como una persona más, que nadie huya o inventen cosas sobre mí, quiero recibir hospitalidad y tolerancia de nuevo, quiero solo ser feliz y parar de sufrir, porque cada día que despierto en un lugar diferente sé que me espera el día a día, sufrimiento y discriminación por parte de todos, y esto por un error que cometí hace años como un simple ser humano que somos todos, pero sé que nadie lo entenderá ni llegará a ver lo que era antes, mi sufrimiento se ha vuelto cotidiano hasta el punto de perder mi dignidad frente a todos, no pido mucho, solo quiero que entiendan que todos cometemos errores  como humanos que somos y así, dejar de sufrir tan solo unos minutos.

 

Isabella Castro Martínez

Las personas se alejan de mi apenas me ven, les aterroriza mi aspecto físico y mi ropa rasgada. Nadie se detiene a pensar en cómo me siento. Es incómodo ver como todos a mi alrededor se quitan. Acepto que huelo mal. Mi casa es cualquier esquina del centro de Popayán, mi comida es incierta, a veces no sé quién se apiada de mi para darme una migaja de pan. Mi mente está en otro mundo, no sé si es por tantas drogas que he consumido, pero solo sé que sobrevivo por esa ansiedad de consumo. Nadie se pone en mi lugar, todos creen que ya estoy completamente ido y fuera de órbita, que mis pies solo caminan por inercia, pero en realidad es porque debo ir pidiendo algo de comida en las calles.

Suelo ser grosero, pero mi cabeza ya no razona como antes y nadie entiende eso. Pero en esta vida no todos se atemorizan de mí, o de los demás que están en la calle. Algunos se acercan a preguntarme cómo estoy y con cualquier vaso de aromática o café con un pan, me ayudan a completar la comida del día. Vivimos en una tierra con dos mundos, donde solo vemos una cara de la moneda, una civilización tolerante para lo que le conviene e intolerante para lo que no, muy pocos son personas hospitalarias que nos ayudan cuando más lo necesitamos, pero como muchos no pertenecemos a esa clase social alta, no nos notan, ni siquiera somos importantes, porque en esta vida, eres tu contra el mundo.

 

Alejandro Bolaños Valencia

Yo, una persona indigente, que no puedo imponer mi identidad ya que ahora no soy nadie solo otro más, una persona de la calle, a veces siento que soy una amenaza o un objeto en la sociedad, alguien que golpea a las personas con el mal olor o con repugnancia. Pienso que las demás personas son más que yo, en que hay una gran diferencia, pero soy yo cuando puedo tolerar o rechazar lo que me ofrecen las demás personas, cuando alguien quiere ser hospitalario conmigo, soy yo cuando puedo decidir entre aceptar o no.

 

Jesús David Zúñiga Ceballos

¿Habito un cuerpo desolado que da pasos sin fe o esperanza alguna, acaso existe un lugar para este peregrino? Lo más probable es que no, tal vez aquí no, pues estas paredes blancas que aunque dicen ser nobles están manchadas  de una suciedad peor de la que cargo, de un olor más fétido  que el que me posee, pues ellas me sometieron sin tocarme un pelo, pero si mi conciencia y de muchos más quienes como yo aclaman algo, anhelan una mano ayuda que ciertamente no está dentro de aquella blanca ciudad de estereotipos, de nombres ya apellidos donde el hambre tuya y mía es un circo nada más.

 

Ángela Gerardin Pachón Malaver

El desprecio hace parte de mi vida y en muchos casos paso desapercibido entre el afán del día. No es fácil lidiar con los demonios, pero aprendí a convivir con los míos, somos uno desde siempre, me les uní y me hundieron un poco más; muy pocos sabemos lo que es tocar fondo de esta manera, con la soledad como única compañía, y lo agrietada que tengo el alma de tanto caminar sin rumbo, pues lo perdí hace mucho, al mismo tiempo que me perdí.

Indiferencia, esa misma con la que me ves cuando vamos por la misma acera y pareciera como si en ese mismo instante fuera invisible. Causo miedo y soy el ejemplo de lo que no se debe seguir, puntos extremos y mil suposiciones del porqué llegué hasta aquí, pero tan solo yo conozco mis pasos y la manera en la que el camino me va a abriendo espacio para continuar, tan roto, que me convertí en tierra infértil. Con el hambre siguiéndome los pasos y mis manos rebuscando entre la basura, para comer, y con el agradecimiento intacto hacia aquellos que me tendieron la mano con un poco de comida. Vacío pero con el baúl de los recuerdos un poco más lleno, aunque no los recuerde siempre, porque la lucidez y la cordura son significados que se me esfuman por ratos.

 

Libny Joel Ulloa Vidal

Siento que cada día que pasa busco la forma de sobrevivir en esta sociedad que me ve con ojos indiferentes y poco comprendidos. Sobrevivo cada día con lo que me ofrecen las personas. Mis expectativas de vida son muy bajas. Siento un vacío que me invade de soledad y todo me abandona. Lo único que puedo hacer es deambular para sobrevivir con lo que hay, no creo poder salir de este círculo en el que me encuentro. Mi mente tuvo un estado de proyección y no surgió lo que esperaba en mi vida puede que las oportunidades no las tuve presente, donde solo hago las cosas por hacer sin tener un propósito en mi vida, todo lo que tenía lo he perdido debido a mis adicciones.

 

Yency Gabriela Muñoz Viveros

Saber que estamos ligados a una sociedad discriminadora que no sabe por las cosas que pasé, por ser el otro ante la sociedad lo que me llevó a ser lo que soy ahora. Tuve muchos problemas antes de llegar aquí, tal vez en ese momento de mi vida no supe afrontarlos y llegué a tocar fondo. Me perdí en un mar de dolor, no supe afrontar los problemas y caí en lo más profundo del olvido. Quizá mi familia no supo darme consuelo y me dieron la espalda. Salí un día de mi casa sin rumbo alguno y me perdí, no sé ni me acuerdo qué era de mi antes de llegar aquí. Me acostumbré a vivir en esta miseria. Me miran porque huelo mal, como los desperdicios de la ciudad, Para ellos siempre voy hacer el otro, el que huele mal, al que si ayudan se va a convertir en mi. Por eso sigo aquí y no sé hasta cuando más voy a recorrer las calles de esta vieja ciudad de paredes blancas, no sé si mi familia se acuerda de mi o simplemente no soy familia para ellos, soy simplemente un extraño para todas las personas. Si dependo del otro para poder salir de aquí, pero ¿quién es ese otro que me ayudará a salir de esta miseria?

Duermo en cualquier calle de esta ciudad, donde el sol se caiga. Para muchas personas hago estorbo, soy un estorbo. Son pocas las personas que me dan un poco de comida, pero muchas más las que me ven como una cosa rara, si tan solo tuviera quien me ayudara a salir de esta miseria a la que he llegado por no tener el suficiente valor de enfrentar los problemas, como quiero ser una persona normal.


Gratitud a los estudiantes:

Isabella Castro Martínez, Alejandro Bolaños Valencia, Sara Isabel Ledezma Valencia , Yency Gabriela Muñoz Viveros , Jesús Zuñiga Ceballos, Juan David Coral Arcila, Libny Joel Ulloa Vidal y Ángela Geraldin Pachón Malaver, por la generosidad de publicar sus escritos (Asignatura Ética, Programa de Diseño Visual, Facultad de Arte y Diseño, Institución Universitaria Colegio Mayor del Cauca).


Referencia

Sztajnszrajber, Dario. (2014). “Mentira la verdad – El otro”. Disponible en https://www.youtube.com/watch?v=-5jXIkjG0Tk&t=10s