Controversia de Valladolid: el dilema acerca de la humanidad de los nativos de las Américas españolas y la trata esclavista

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Rosa Patricia Quintero Barrera

Al descubrir el Nuevo Continente surgió el dilema más grande que el mundo pudo prever: sí los nativos eran verdaderos hijos de Dios, descendientes de Adán; o sí pertenecían a una categoría distinta, sujetos del Demonio. Unos treinta años de rumores de que los pobladores de las Américas conquistadas por los españoles, habían sido tratados con gran crueldad en el nombre de la Iglesia, motivó al Papa a organizar la Junta de Valladolid (1550 – 1551) y envió al Cardenal Salvatore Roncieri, para que en su nombre dirimiera tal dilema. El debate contó con la ávida participación de Fray Bartolomé de Las Casas y Juan Ginés de Sepúlveda; veamos algunos de los argumentos de cada uno:

Fray Bartolomé de Las Casas defendió la humanidad de los nativos desde su propia experiencia. Vio como los españoles esclavizaron, torturaron y masacraron a los indios.  Narró con generosidad las atrocidades que los españoles habían protagonizado: marcaban los nombres de los propietarios de turno en sus rostros, gustaban de masacrar de a grupos de trece en memoria de los doce apóstoles y de Cristo, quemaban, ahogaban, mutilaban, lanzaban a perros hambrientos, entre otros vejámenes. Contó con los detalles de una generosa etnografía el espectáculo de horror y de terror en que se ensañaron los europeos motivados por la avaricia propia de hallar oro en las Américas españolas. De los nativos argumentó que eran hermosos, pacíficos, dulces como corderos, generosos, abiertos, ingenuos, hospitalarios, inteligentes, que estaban dispuestos a recibir la fe cristiana; en suma que eran la imagen del paraíso. Complementó diciendo que ante la ignominia de los europeos, los nativos preferían no tener descendencia, que estaban llenos de las enfermedades llegadas con estos hombres que violaban a sus mujeres, que habían perdido el deseo de vivir.

El profesor Juan Ginés de Sepúlveda, conocido por sus trabajos filosóficos, erudición y profundidad de espíritu, consideró que su contradictor estaba fascinado, seducido, que hablaba en exceso, que había perdido la cabeza; que estaba velado, trastornado, desviado y cegado. Defendió con vehemencia que Dios estaba del lado de los conquistadores porque los nativos se merecían el trato recibido, por sus pecados e ídolos. Por supuesto, se apoyó en Aristóteles, al plantear que los indios habían nacido para ser esclavos por naturaleza. Ya que todos los humanos estaban predestinados a la religión universal, consideraba al cristianismo como una verdad probada; y desde este punto de vista se debía hacer lo que resultase necesario para convertirlos a la fe verdadera. 

El veredicto del Cardenal Salvatore Roncieridio no fue contundente, pero fue un inicio  para otro tipo de trato a los indios a través de la revisión de las Leyes de Indias y también justificó la infame trata esclavista de africanos.

La esclavitud puede ser vista como una institución social y económica desde tiempos muy antiguos como consecuencia de guerras tribales, en las cuales los vencedores tomaban prisioneros a  guerreros, mujeres y niños, y luego eran puestos a su servicio.  Para Aristóteles “el hombre puede funcionar de varias maneras; una de ellas es como cosa y, este rango incluye a la hembra y al esclavo;  los trabajos inferiores [de finalidad económica] están a cargo de esclavos […]” (Martínez y Martínez, 2001, p. 171). Esta visión fue predominante en el desarrollo y ejercicio de la escolástica, y por lo tanto la tenían en mente la mayoría de misioneros que vinieron a América y que participaron activamente en la sumisión de los africanos y de sus hijos nacidos en tierras americanas. Por ejemplo en 1535, Fray Bartolomé de Las Casas le escribió al Rey y al Consejo de Indias: “[…] el remedio de los cristianos es este, muy cierto, que Su majestad tenga por bien de prestar a cada una de estas  islas 500 ó 600 negros, o los que le pareciere que al presente bastaren para que se distribuyan por los vecinos que hoy no tienen otra sino indios” (Friedemann y Arocha, 1986, p.108). Este dominico, obtuvo licencias para importar negros, mientras argumentaba que era legitimo rescatar esclavos que ya lo eran en sus propias tierras con la excusa de la “redención de almas”.

Mintz (1977) sostiene que la esclavitud de africanos en el Nuevo Mundo fue el “componente esencial e intrínseco” de la expansión económica, política y religiosa de occidente. Los esclavizados y sus descendientes fueron llevados a Europa y empleados en la producción de los elementos básicos de consumo en los mercados europeos. En complemento a lo anterior,  “[…] la acumulación de capital en Occidente no hubiera bastado para, en poco más de un par de siglos, pasar de la llamada Revolución Mercantil a la Revolución Industrial (p. 380).

De acuerdo con Maya (2002), durante los siglos XVI y XVII, “España enfrentó el debate sobre la humanidad de la gente del África” (p. 5). Por ello, esta sinopsis no puede excluir la visión que difundió el dominico Bartolomé de Las Casas en 1531 en defensa de humanidad de los indios y que llevó a la promulgación de las leyes españolas que legitimaron la trata africana.

Los negros no motivaron escritos a su favor y como consecuencia fatal de las sugerencias del sacerdote, transcurrieron tres siglos de esclavización africana. Sin embargo, entre 1580 y 1592, la población aborigen del Nuevo Reino de Granada estaba diezmada a causa de epidemias, guerra y  trabajo forzado, lo cual causó una preocupación  para la monarquía española, máxime ante el reciente descubrimiento de las minas auríferas en ese territorio (Maya, 1998).  Para entonces, los portugueses tenían contactos establecidos con jefes africanos e iniciaron la explotación masiva de africanos cautivos hacia América: “El monarca [Felipe II] había encontrado así la solución geopolítica al problema de cómo reemplazar a los indígenas que morían en las minas y cuyo exterminio afectaba los intereses económicos del Imperio” (Maya,1998); desde ese momento hasta 1640, Cartagena de Indias se convirtió en el principal puerto negrero de América hispánica.


Bibliografía

Friedemann, Nina S y Arocha, Jaime. (1986). De Sol a Sol. Génesis, transformación y presencia de los negros en Colombia.  Bogotá:  Editorial Planeta.

Martínez, Leonor y Matínez, Hugo. (2001). [1996]. Diccionario de Filosofía. Bogotá: Panamericana Editorial.

Maya, Adriana. (2002). “Memorias en Conflicto y paz en Colombia: la discriminación hacia lo(s) negro(s)”. Argentina: Clacso.

Maya, Adriana. (1998). “Demografía histórica de la trata por Cartagena 1533-1810”. En: Geografía Humana de Colombia.  Los Afrocolombianos.  Tomo IV. Bogotá: Instituto Colombiano de Cultura Hispánica.  P.12-51.

Mintz, Sidney W. 1977. “África en América Latina; una reflexión desprevenida”. En  Manuel Moreno Fraginals. África en América Latina. México: Siglo XXI Editores. Pp. 378-397.

Verhaeghe, Jean-Daniel. (Director). (1992). La controverse de Valladolid . Francia: Bakti Productions / FR3 Marseille / La Sept / Radio Télévision Belge Francophone (RTBF). 90 minutos.