Sentimientos de los estudiantes en la educación virtual debido al aislamiento social

Rosa Patricia Quintero Barrera

 

Caricatura de Betto, en El Espectador

Uno de los tantos aspectos de la interacción humana que ha cambiado con la visita al mundo entero del Covid-19 ha sido en la educación. Me centraré en las maneras como se han sentido los estudiantes universitarios al recibir las clases por medio de las estrategias virtuales, durante tres de los cuatro meses que dura el semestre.

En cuanto a la metodología del presente escrito, me valí de encuestas a un curso de veinte estudiantes de tercer semestre de la carrera de Diseño Visual; cabe anotar que esta carrera “es un área de conocimiento que aplica las nociones de las ciencias de la información, la comunicación y la estética, a procesos de investigación, producción, desarrollo y gestión de sistemas y estrategias de comunicación visual” (Presentación de la Carrera de Diseño Visual, 2020); por lo tanto su estudio requiere del uso de herramientas digitales dispuestas en equipos de cómputo que dispongan de la capacidad de almacenar con generosidad programas de diseño específicos y de conexiones consistentes al internet.

Abordar el terreno de los sentimientos y de las emociones suena muy subjetivo, por su fluidez constante y dependencia de factores externos e internos al sujeto mismo y a los habitus a los que pertenece, tanto en las clases presenciales como en las virtuales. Sin embargo, este tópico es fundamental en la enseñanza-aprendizaje; compartir el conocimiento requiere de un acto comunicativo y cognoscitivo amable, atento, crítico, constructivo. Las respuestas de los jóvenes universitarios están contenidas en dos ámbitos:

(i) Relacionado con la experiencia académica: dificultad para entender los temas de manera profunda y adecuada de acuerdo a la complejidad de las asignaturas, exceso de diversas actividades de evaluación, pocas posibilidades para solucionar las dudas en las clases y la necesidad de aclararlas por su propio esfuerzo.

(ii) Relacionado con la experiencia personal: extrañeza de la interacción personal con los compañeros de clase y con los profesores, extrañeza del campus universitario y de las posibilidades de interacción social que cada espacio ofrece (cafetería, lugares de estudio, oficinas, biblioteca). Aunque en general los estudiantes plantean que se han esmerado por adaptarse a las herramientas virtuales, que reconocen el esfuerzo de sus profesores por realizar del mejor modo las clases y que han estado dispuestos a esta nueva metodología; algunos jóvenes manifiestan que han sentido frustración, mucho estrés, ansiedad, inconformidad, pereza, aburrimiento y ganas de cancelar el semestre. A continuación algunos de los testimonios de los universitarios:

Un poco agotador, a pesar de encontrarme en mi propia casa, el tiempo casi no alcanza, uno pasa de ver un tutorial a ver un video y luego a terminar otro trabajo. Ha sido la verdad una experiencia bastante difícil, pero a la que cada vez más uno se va adaptando.

También hace demasiada falta interactuar con los profesores y con los compañeros, estamos acostumbrados de ir y venir por toda la Facultad: saludar, hablar, reírse.

A pesar de que nunca había recibido clases virtuales me siento bien recibiéndolas, es una experiencia nueva y me ha gustado, lo único en lo que no me siento cómoda es en la forma que se pueden a llegar a generar tantos trabajos para un solo día.

La verdad no me siento bien, no solamente en cuanto a estar acostumbrado a lo presencial, si no que la verdad casi no aprendo nada por este medio de la virtualidad.

Ya que la carrera va muy de la mano con todas estas herramientas digitales ha sido muy interesante porque este medio es el que nos va acompañar para toda nuestra vida profesional y estando en casa he podido involucrarme más en lo que es el mundo del diseño.

Los cambios derivados de la virtualidad obligada han requerido de adaptaciones tanto para los estudiantes como para los profesores. En particular con la socialización en el aula de clase que implica la cercanía física al estar juntos en un salón y las posibilidades de interactuar de manera personal. Pasamos a un frío y distante contacto a través de la pantalla del computador o del celular.

Boceto a lápiz de Camilo Renza

Los profesores han tenido que aprender sobre la marcha a manejar plataformas virtuales, a llenar contenidos, a grabar las sesiones, a contestar un sinfín de correos electrónicos. Por su parte los estudiantes han tenido que recibir sus clases por los medios dispuestos por las Universidades y ajustarse a las peripecias de auto-aprendizaje de las herramientas virtuales que sus profesores han tenido a bien acoger. A la larga ha sido una mutua experimentación obligada y a la carrera, porque las exigencias contractuales y académicas han continuado. Aunado al interés –también compartido- por hacer del mejor modo el trabajo respectivo.

Con el peligro al contagio del Covid-19 muchos sectores productivos se quedaron inactivos, el de la educación continuó y pasó a la virtualidad, que implica contar con adecuadas conexiones a internet y equipos tecnológicos que soporten este trabajo. Las posibilidades de accederlos no son iguales para todos, algunos estudiantes habitan lugares rurales en donde resulta esquiva la tecnología, además de las condiciones socio-económicas de cada uno. Lo anterior se ha visto reflejado en el cumplimiento de los deberes académicos: asistencia  y permanencia en las clases, participación en las actividades de discusión grupales y las disposiciones emocionales. Se han acentuado el individualismo y la competencia: “La educación en el sistema occidental no es para la solidaridad ni para el mutualismo, sino para el emprendedurismo o para la libre iniciativa o para el éxito a toda costa, un individualismo posesivo. Y la gente está reaccionando de esa forma” Sousa Santos (Citado por González, 2020).

El aislamiento social, en efecto ha profundizado las brechas socio-económicas  y las facilidades que los humanos tenemos para adaptarnos a las situaciones privilegiando a los más cercanos. En ese punto nos encontramos en el presente tiempo, dando  y recibiendo las clases por los administradores de internet:

“Yo pienso lo siguiente, por un lado, veo la oportunidad, y en esta área estratégica es donde veo más claramente la contradicción entre la buena oportunidad y el alto riesgo. La buena oportunidad es que nosotros nos podemos comunicar de una manera que nos permite quedarnos en un aislamiento total durante una pandemia; el gran riesgo es que el capitalismo educativo, en general, entrará fuertemente en este campo diciendo: “Nosotros no necesitamos de campus ni de nada para la educación, solo necesitamos el internet y distribuir las computadoras”. Eso va a aumentar la infoexclusión, porque no todo el mundo tiene smartphones ni todo el mundo tiene computadores” Sousa Santos (Citado por González, 2020).

Sin duda la pandemia nos ha puesto a pensar en los vínculos que tenemos con los demás, en cómo nos relacionamos en el estudio, en el trabajo y en lo doméstico. Nos ha tocado ceder ante la virtualización, que ha provocado el distanciamiento estético del mundo en los sentidos y en el actuar, al arrojarnos cada vez con más sevicia hacia el espectáculo de la vida. Somos ahora, más que nunca, espectadores de nuestras vidas, acorralados por el miedo en nuestros resguardos asépticos e individualizados. Uno de los papeles de la educación es contribuir al proceso de humanización de los estudiantes en sus acercamientos a otras formas de entender la vida, dotada de simbologías y de organizaciones culturales distintas a las conocidas por la empiria. Lo anterior nos lleva a considerar que estamos analizando un evento en el que confluyen varios factores, es decir, que aquello que ocurre en el salón -sea presencial o virtual- es un resultante de la sumatoria entre las motivaciones/emociones, los propios contextos personales y sociales, las disposiciones cognocitivas y metodológicas de los estudiantes y de los profesores, y de las políticas de las Facultades, por nombrar algunas.


Bibliografía

Encuestas del Experimento colaborativo de análisis de datos. (2020).  Asignatura Metodología de la investigación, Programa de Diseño Visual, Institución Universitaria Colegio Mayor del Cauca.

González, Diego Felipe. (2020). Boaventura de Sousa Santos y la cruel pedagogía del virus. Una entrevista con el sociólogo portugués, sobre la sociedad en tiempos de cuarentena. En, https://www.eltiempo.com/bocas/entrevista-con-boaventura-de-sousa-santos-501262?cid=SOC_PRP_POS-MAR_ET_FACEBOOK

Presentación de la Carrera de Diseño Visual (2020). En, https://unimayor.edu.co/web/oferta-academica/programas-profesionales/diseno-visual