Las escaleras en Joker de Todd Phillips

Ilustración El Guasón del Diseñador Carlos Idrobo

 

 

Joker Fanart, ilustración digital, Diseñador Carlos Idrobo Avirama

 

Ilustración de Carlos Idrobo Avirama

Texto de Rosa Patricia Quintero Barrera

 

La película Joker de Todd Phillips (2019) muestra el contexto en que Arthur Fleck se va mutando en el Joker, uno de los enemigos más delirantes de Gótica. Esta obra genera admiración por su magnífica producción cinematográfica; y debates debido a la naturaleza de los ámbitos que trata: descontento social, desempleo, trastornos mentales, brechas entre clases socio-económicas, maltrato intrafamiliar, protestas, maldad, violencia. El protagonista sube y baja escaleras en momentos cruciales de la trama, por eso, el punto de fuga de este texto parte de los posibles simbolismos de las escaleras en el desarrollo de la trama.

El entorno de Fleck es sombrío, solitario, decadente, al ocaso del día; él transita por calles llenas de gente de la noche de la ciudad infestada de ratas y de basura. Sube las largas y amplias escaleras, agotado, cansado, triste, desahuciado al recibir por última vez sus medicinas psiquiátricas. Llega a su casa y ve el Show de Franklin Murray, junto con su madre enferma. Se deja ir en su íntima metáfora existencial al programa y se ubica entre los espectadores; sus carcajadas son detectadas por el presentador, quien lo llama. Él desciende las escaleras tranquilo, despacio, siente los aplausos y la admiración del público. Murray le recibe como a un triunfador, le abraza y le dice: “Excelente Arthur me encantó todo lo que dijiste, me hiciste el día. ¿Ves todo esto? Las luces, el show, la gente. Lo dejaría sin pensarlo, por tener un hijo como tú. El futuro Joker vive en lo más profundo de su ser este evento imaginario, por eso le dolió tantísimo la burla y la humillación que luego protagonizó.

En las siguientes apariciones de las escaleras, Fleck las sube, en la misma actitud que la primera vez, derrotado porque su jefe de Risolandia le exige que pague el letrero que le destrozaron en el cuerpo los muchachos que lo habían agredido. Luego, en el metro no tiene otra opción que huir ascendiendo a zancadas las escaleras después de estrenarse como asesino de unos hombres que acosaban a una mujer. La noticia colma los titulares de la prensa, anuncian que un payaso justiciero había asesinado a tiros a tres promisorios ejecutivos de las empresas Wayne.

Al ser despedido de Risolandia va por sus cosas, destruye el reloj que controla a los trabajadores de Ja´Jas y que marca como en casi todas las escenas de la película las 11:11. Bailando desciende las escaleras, de una patada abre la puerta y la calle lo recibe con un sol blanco como el que ilumina al Loco del tarot.

Otra escena en la que baja las escaleras es en el  Hospital Psiquiátrico Arkham cuando descubre que fue adoptado, maltratado y abusado de niño con la anuencia de Penny Fleck. Decide asesinar a su recién descubierta madre adoptiva y le dice: “Solías decirme que mi risa era un trastorno de algo que estaba mal en mí. Es mi verdadero yo. ¿Feliz? No he sido feliz un minuto de mi puta vida. ¿Sabes que me hace reír? Antes creía que mi vida era una tragedia, pero ahora veo que es toda una comedia.

Ya con cinco asesinatos sobre sí, se encuentra con su propia humanidad, se pinta el pelo de verde, pinta su cara como un lienzo en blanco dispuesto a rehacerse con las simbologías de colores que le dan la imponente identidad del Jóker. Coloca su cuerpo en el traje característico con colores terrosos de rojo, amarillo y verde. Se arma a sí mismo para presentarse en el Show de Murray, emerge de su propio cuerpo y protagoniza ese impresionante baile lento, sensual, seguro de sí mismo; baila para él y con él mismo Rock and roll de Gary Glitter; por supuesto: baja las escaleras.

Por su parte, Wayne ejerciendo de candidato a la Alcaldía, promueve un acto de beneficencia con el estreno de la película “Tiempos Modernos” de Charles Chaplin. Al evento acude la élite de la ciudad, con el pretexto de recolectar dinero y de exhibirse entre sus refinados integrantes, aprovechan para divertirse con la tragedia que muestra Chaplin, les parece chistoso la miseria del desempleo, de la pobreza, de la orfandad, del hambre, del abandono; en últimas de lo chabacano que los pobres hacen casi por sino.

Es el momento propicio para que los manifestantes del fuerte movimiento social en contra de los ricos acudan al lugar, luciendo las máscaras del Payaso Justiciero se van en contra de la élite de la ciudad. La mayoría de las pancartas muestra al Joker y se alcanza a ver una sola del Rey, pero igual que en la baraja de cartas, el Joker es el comodín, tan innecesario como necesario, puede completar una jugada; porque se acomoda, se inserta en cualquier posición, puede llenar la ausencia de cualquier otra carta. Es un símil al bufón de la corte, el que le puede hablar al oído al Rey, sentarse en su trono y burlarse de su poder. Es una alegoría al alfil del ajedrez que se mueve a su pleno gusto en diagonal por el todo el tablero. Puede ir más allá de lo permitido, mutarse entre la tragedia y la comedia. Con su extravagancia genera la risa de los que se sienten superiores a él, en palabras de Wayne: “Los que hemos triunfado más en la vida, siempre veremos a los que no, como viles payasos. Solo diré que esas personas no están nada bien. Yo las voy a ayudar, las sacaré de la pobreza, las ayudaré a mejorar sus vidas, por eso me postulo, tal vez no se den cuenta, pero soy su esperanza”.

En la protesta los manifestantes arengan -somos payasos-, aceptan entre chiste y en serio el desprecio que los ricos le tienen al resto de la ciudad, encarnan la identidad del outsider; a la vez, que se resarcen y siguen el modelo que  Arthur Fleck ha generado:

“(…) en Ciudad Gótica estás atrapado, capturado, cumpliendo tu condena. Nunca sale el sol, llueve todos los días, el frío te hiela la médula de los huesos y te pudres en las mismas calles por las que se te escapa la vida día a día como agua entre los dedos. Es una ciudad zombi, un gigantesco cementerio en el que debes acostumbrarte a compartir con otros muertos vivientes como tú” (Mendoza, 2019, p. 43).

Fleck acude al Show de Murray, le pide que lo presente como el Joker, lleva su libreta de notas, la orquesta interpreta a Smile, confiesa sus asesinatos: “No tengo nada que perder, ya nada puede hacerme daño, mi vida es una completa comedia. La comedia es subjetiva, todos ustedes, el sistema que decide que está bien o mal, decide lo que es gracioso o no (…). Si yo fuera el que cayera en la acera, pasarías por encima de mí, nadie me notaría”. Finalmente lo asesina y baila la canción “Así es la vida” de Frank Sinatra, fondo musical del programa: “He sido un títere, un mendigo, un pirata, un poeta, un peón y un rey. He estado arriba y abajo y una y otra vez. Y se una cosa cada vez que me encuentro acostado sobre mi cara (en el suelo), solo me recojo a mí mismo, y vuelvo a la carrera”.

La película de Todd Phillips deja mucho para pensar, en medio del origen de uno de los enemigos más acérrimos de la ciudad Gótica que defiende Batman, podríamos detenernos en que Gótica no es una ciudad de ficción, que podría ser cualquiera de las reales. Saturadas de descontento social, desempleo, trastornos mentales, brechas entre clases socio-económicas, maltrato intrafamiliar, ausencias parentales, protestas, maldad, violencia, políticos corruptos, ratas y basura.

El objetivo de este escrito fue la simbología de las escaleras; sería muy obvio decir que cuando sube las escaleras, Fleck está abatido, y que cuando las baja trata de reconstruirse. En parte la vida consiste en subidas y bajadas, en rupturas, en partes pegadas, en reconstrucciones, en vacíos y en plenitudes. En fin, El Joker muestra a un hombre estropeado desde su nacimiento por la sociedad, que intenta insertarse en lo aparentemente normal y reconocido, sin ningún éxito. Arthur Fleck es pateado, golpeado, robado por unos muchachos; humillado y burlado por Franklin Murray, el comediante de moda a quien tiene como referente de la comedia y de su padre ausente; también por Thomas Wayne, de quien piensa que es su padre; amado por Sophie su vecina, aunque ella nunca lo supo y por su trastornada madre de la manera como ella pudo amarlo. Fuma sin límite y sin compasión como quien no teme matarse, porque no tiene nada que perder. Es Carnaval el payaso de fiestas, que trabaja en Risolandia y que por obligación debe contagiar felicidad a sus espectadores. Padece de risa incontrolable, sus risotadas resuenan cuando los demás no las reciben con gusto. Fleck es un outsider a quien se le dijo desde pequeño que su destino era causar risa y alegría.

Por eso el marginal obliga a revisar lo que el resto de la gente considera no solo normal, sino ideal, modélico. Una sociedad logra se autocrítica y enmendar sus errores más ocultos gracias a aquel que decidió un buen día quedarse por fuera y no seguir el juego.

Mario Mendoza (2018)


Bibliografía

Mendoza, Mario. (2019). Akelarre. Bogotá: Editorial Planeta Colombiana S.A.

Mendoza, Mario. (2018). Paranormal Colombia. Al filo de lo real. Bogotá: Editorial Planeta Colombiana S.A.

Phillips, Todd.  (Director). (2019). Joker. Estados Unidos: DC Comics, DC Entertainment, Join Effort, Warner Bros. 121 minutos.

Sinatra, Frank. (1966). That’s Life. Productor: Jimmy Bowen. Discografía: Reprise. Duración 25:36