“El perfume – Historia de un asesino” de Patrick Süskind: Desprecio por los humanos (Parte I)

El perfume. Historia de un asesino de Patrick Süskind (1993) narra con minucioso ingenio el periplo de Jean-Baptiste Grenouille hacia el Cimetiére des Innocents de París en el siglo XVIII, con el propósito de hallar el método para crear la fragancia que revolucionaría al mundo de los olores.

Por Rosa Patricia Quintero Barrera

16 de febrero de 2021


Preámbulo

La vida de Grenouille estuvo acompañada por la tragedia. Al nacer su madre lo dejó tirado entre una revoltura de moscas, tripas y cabezas de pescado, su primera nodriza lo reconoció como a un demonio ya que él no tenía el olor acaramelado de un bebé y decidió entregarlo al padre Terrier, quien también se horrorizó con su presencia y lo llevó al hospedaje de madame Gaillard, ella igual que los demás decidió apartarlo y venderlo al curtidor Grimal.

Aunque desde niño, le resultó habitual vivir en medio del rechazo, del abandono y de la explotación laboral, su olfato era extraordinario. Cuando aprendió a hablar fue porque decidió relacionar los términos con los olores que le representaban los objetos, las situaciones y las personas. Así, para el joven Grenouille, los conceptos olfativos poseían identidades y clasificaciones que guardaba sin reserva en su prodigiosa memoria:

(…) olía con más exactitud de la que muchos lo veían, ya que lo percibía en su interior y por ello de manera más intensa: como la esencia, el espíritu de algo pasado que no sufre la perturbación de los atributos habituales del presente, como el ruido, la algarabía, el repugnante hacinamiento de los hombres.

(Süskind, 1993, p. 33)

Su don sensorial le permitió desplazarse sin ninguna dificultad en la oscuridad, porque al ver con su nariz podía guiarse por medio de los olores. Cada vez fue nutriendo con mayor generosidad los odoríferos artículos del mundo, como en una biblioteca, hasta que logró agotar pronto los olores de su barrio y de los alrededores. Impulsado por el ansia perceptiva cada vez tuvo que ir más lejos, hacia los lugares en donde vivían los ricos y conoció otro tipo de naturaleza en el olor, otro tipo de uso que sólo los mas acaudalados podían permitirse para aromatizarse a sí mismos y conseguir sensaciones únicas: 

(…) el propósito del perfume era conseguir un efecto embriagador y atrayente y reconocía la bondad de las diferentes esencias de las que estaban compuestos, pero en conjunto le parecían más bien toscos y pesados, chapuceros más que sutiles, y sabía que él podría inventar otras fragancias muy distintas si dispusiera de las mismas materias primas. Muchas de estas materias primas ya las conocía de los puestos de flores y especias del mercado; otras eran nuevas para él y procedió a separarlas de las mezclas para conservarlas, sin nombre, en la memoria: ámbar, algalia, pachulí, madera de sándalo, bergamota, vetiver, opopónaco, tintura de benjuí, flor de lúpulo, castóreo…

(Süskind, 1993, Pp. 34-35)

Grenouille se aferró a la vida desde su primera respiración como una garrapata, su sensibilísima nariz lo condujo a los sitios que debió visitar para lograr convertirse en el mejor perfumista de todos los tiempos. Logró olfatear lo más perverso y lo más sublime de los humanos. De su madre aprendió que fue parido como un escupitajo de la vida. De sus cuidadores de infancia solo recibió desprecio, miedo, repugnancia. Con sus maestros en el oficio de la perfumería vivió la explotación, el arribismo, la prepotencia. Así que optó por volverse sumiso ante la desconfianza que generaba su presencia y su genialidad, aprovechó en silencio las lecciones y la infraestructura de los talleres artesanales para adentrarse en el complejo proceso del aprendizaje de la extracción de las fragancias más exquisitas.

Grenouille fue un hombre que se ajustó a lo más precario de la vida, comía lo que fuese, dormía en cualquier parte, no tuvo exigencias de ninguna índole, pudo realizar las labores más agrestes sin quejarse, careció de ínfulas de fama. Disfrutó de la soledad que le acompañó siempre y cuando quiso mezclarse en el mundo de los hombres creó varios perfumes con identidades específicas de acuerdo a la actividad que tenía en mente realizar. Su astucia le condujo a este recurso ya que -al carecer de olor- los humanos se le apartaban o lo ignoraban.

Fue un ermitaño durante los siete años en que, huyendo del repugnante olor de los humanos, decidió vivir en la montaña del Plomb du Cantal, en donde proclamó el Reino de Jean-Baptiste Grenouille. Allí se sintió contento, satisfecho y feliz, hasta que, en medio del terrible silencio de los días y las pesadillas en las noches, se dio cuenta de que carecía de aroma incluso para él. Abatido por la incertidumbre de su esencia, decidió abandonar su reino de olores propios para reestablecerse en las sociedades humanas.

Se inventó la sorprendente historia de un secuestro, que le hizo ganar una gran admiración por el marqués de la Taillade-Espinasse, quien además de acogerlo, tomó el fantástico caso de Grenouille como inspiración para comprobar su teoría del fluido letal terrestre.


Bibliografía

Süskind, Patrick. (1993). [1985]. “El perfume. Historia de un asesino”. Barcelona: Narrativa actual.