Rosa Patricia Quintero Barrera

La educación inclusiva enfatiza en que todos los niños tengan las posibilidades de estudiar. Incluso quienes tienen alguna especialidad mental, sensorial, cognitiva, física que les representa impedimentos para desempeñarse e interactuar en el entorno social de manera activa, plena y sobre todo -igual que los demás-. La Constitución Nacional Colombiana ordena que todos los estudiantes deben acudir a centros regulares de educación: Las personas a cargo deben estar en capacidad y la actitud para atenderlos con calidad, afecto y aceptación.  Se requiere de estrategias pedagógicas, materiales pedagógicas y disposiciones de aula adecuadas para comunicarse con los estudiantes (El Ministerio de Educación ofrece este vínculo nutrido de información MinEducacion).

La educación inclusiva es un asunto de todos, en todos los sectores de la sociedad. Requiere de actitudes y representaciones de la otredad más amplias. Todos los ciudadanos tienen el derecho de educarse formalmente, considerando sus especialidades y diferencias. Sin embargo, el término “inclusivo” también lleva a mirar al otro desde la idea del “normal”. Y en ese sentido: ¿Qué es lo normal, quién es normal? Podría entenderse como igualar a las personas desde lo hegémonico, que el otro se identifique con el considerado normal .

Esa noción varía con las ontologías que de acuerdo a los modelos y momentos educativos recalcan en el lenguaje, en el cuerpo, en el modelo económico, en el aprendizaje; para crear un promedio falso de la otredad. ¿Por qué otras formas de entender, de aprender, de corporalidades, de representaciones identitarias perturba? La alteridad revela que las ideas de normalidad llevan a la violencia, a lo normativo, a lo autoritario de los modelos educativos clásicos. El profesor  Carlos Skliar expone de modo inquietante y sugerente su propia perspectiva de la Alteridad, la Otredad y la Educación:

 

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Rosa Patricia Quintero Barrera

Adiós a las armas, adiós a la guerra, bienvenida la paz, fueron las palabras que con ahínco pronunció Rodrigo Londoño, Comandante de las FARC-EP, al finalizar su discurso del acto simbólico de dejación de las armas por parte del movimiento revolucionario. Este acto fue producto de acuerdos bilaterales entre la guerrilla y el gobierno, en los que ambas partes se comprometieron a no usar más las armas en el ejercicio de la política.

Según el discurso de Londoño, las FARC-EP dejan su alzamiento armado de 53 años, para constituirse en un movimiento legal que desarrollará su accionar ideológico, político, organizativo y propagandístico por vías exclusivamente legales –sin armas- y pacíficamente. Es la apertura a una democracia liberal en que el Estado se compromete a no utilizar las armas para perseguir a opositores políticos o al pensamiento crítico.

Manifestó que ellos cumplieron con la dejación de armas de conformidad con lo pactado, quedan ellas en manos de las Naciones Unidas para la construcción de los monumentos previstos. (…) A partir de hoy, debe cesar toda persecución política en Colombia. Aspiramos a que la Reforma Rural Integral pactada en el primer punto del Acuerdo Final sea implementada con celeridad, pues entendemos la necesidad estratégica del desarrollo del campo colombiano, sin perder nunca de vista, que el conflicto armado, en gran medida obedeció al despojo y a la violencia sufrida por nuestros campesinos. (…) No nos opusimos, por principio, a que los grandes empresarios del agro puedan adelantar sus proyectos. Sólo exigimos que el desarrollo de estos, no arrolle ni impida el auge de la economía campesina. Esperamos que la democracia colombiana abra generosa sus brazos a todas las fuerzas, organizaciones y movimientos excluidos centenariamente de las garantías políticas.